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 PATRONATO DE FABRICATO

 

 

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HISTORIA DEL PATRONATO DE FABRICATO, 

EN EL MUNICIPIO DE BELLO

 

(Patrimonio arquitectónico e histórico de nuestra ciudad)

 

La irrupción de la industria en el Valle de Aburrá, y con ella la aparición de los obreros,  modificó el tratamiento de la cuestión social y comprometió de manera directa a los empresarios y al Estado,  interesados en crear instituciones que contrarrestaran la inconformidad de los trabajadores restándoles autonomía,  integrándolos a la marcha de la empresa y posibilitando,  de paso,  una mayor eficiencia en el trabajo.

 

La modalidad más común fue la creación de Patronatos,  destinados a las mujeres trabajadoras,  auspiciados por los patrones  (de ahí su nombre),  y administrados por congregaciones religiosas.

 

Como un antecedente a los Patronatos,  los propietarios de la antigua fábrica de Bello adquirieron unas viviendas cercanas a las instalaciones,  con el fin de brindar alojamiento a las trabajadoras residentes fuera del municipio,  en su inmensa mayoría solteras y jóvenes.

 

Más allá del servicio de alojamiento  (que dio lugar a políticas más amplias de vivienda  -los barrios obreros-)  los Patronatos se convertirían,  hasta los años sesenta,  en el principal eje de las políticas sociales de algunas empresas.

 

En Fabricato,  las políticas sociales se iniciaron con la construcción de un restaurante en los años veinte.   Al Restaurante le seguirían el alojamiento de obreras no residentes en Bello,  los préstamos para vivienda o el alquiler a bajo costo de casa,  además de algunas garantías como el pago de dominicales y de parte del salario en caso de enfermedad.

 

En 1933,  Jorge Echavarría expresó en una carta dirigida a los accionistas lo que consideraba como su “sueño dorado”;  en la carta les solicitaba autorización para construir el club para los trabajadores,  destacando la participación que éstos habían tenido en la buena marcha y solvencia de la empresa:  se proponía,  inspirado en la doctrina social del cristianismo,  mejorar las condiciones de vida de las obreras y obreros.   Jorge Echavarría  Pretendía además comprometer y tener a gusto a los trabajadores,  alejándolos de las ideas comunistas que podrían infiltrarse entre ellos.

 

El club debería contener un comedor,  duchas para tomar el baño en las horas de descanso,  un salón de billar,  un saloncito de lectura y una cancha cubierta de baloncesto para las mujeres,  la cual también serviría como espacio para eventos culturales y proyección de películas.

 

El edifico fue dado al servicio en Diciembre de 1937,  y se le dio el nombre de María Paussepin,  fundadora de la comunidad religiosa de las Hermanas de la Presentación,  a quienes se encargó su manejo.   La inauguración  formal se realizó en 1940,  con la colocación de un retablo de Jorge Echavarría,  quien además tiene una placa recordatoria y un busto de bronce hechos por iniciativa de los trabajadores.

 

Según  E.  Livardo Ospina,  “…en el primer piso (del edificio) se disponía de un salón de 330 metros cuadrados,  adecuado para restaurante,  funciones de cinematógrafo y conferencias,  aparte de amplios cuartos de lectura y juegos,  baños,  cocina,  etc.  En el segundo piso se puso provisionalmente una enfermería,  lo mismo que dormitorios provistos de servicios sanitarios para obreras,  capaz de albergar hasta 80,  y de inmediato lo ocuparon 40.   Andando el tiempo se le introdujeron ampliaciones y mejoras que lo llevaron a ser el sitio más alegre del conjunto de las edificaciones” [1]  Igualmente,  E.  Livardo Ospina señala en su texto que la primera directora del Patronato fue la Madre San Andrés,  y afirma que la Madre Ana Felisa es recordada como hábil administradora.

 

El Patronato fue calificado por al  socióloga Luz Gabriela Arango como la típica expresión de las políticas paternalistas propias de las primeras generaciones de empresarios antioqueños,  interesados en proteger,  vigilar y moldear la conducta moral de los trabajadores dentro y fuera de las fábricas.  [2]

Actualmente,  el área de Patronato tiene varias edificaciones alternadas con patios.   Los techos tienen estructura de madera y tejas de barro,  y giran en el sentido de los volúmenes,  permitiendo aleros en toda la extensión.   Entre los edificios se destaca el comedor,  de dos plantas rectangulares con retrocesos laterales hacia los jardines circundantes.   Exteriormente,  se encuentran en los dos extremos sendas escaleras en caracol,  que dan acceso al volumen y a la terraza – balcón de la fachada;  debajo de la terraza se encuentra el corredor que da acceso al área del comedor y a la Sala Histórica.

 

 

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[1] Ospina,  E. Livardo.  Los Hilos Perfectos:  Crónica de Fabrecato en sus 70 años.  Medellín,  Fabricato,  1990.  Págs.  13 – 14

 

[2] Cfr.,  Mujer,  Religión e Industria Fabricato 1923 – 1982.  Medellín _ Universidad  Externado de Colombia _ Universidad de Antioquia.  1990.  Pág.  139.  Este es uno de los buenos trabajos,  si no el mejor,  de los realizazdos hasta la fecha sobre las obreras de Fabricato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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